Ornamentos Litúrgicos

La noble sencillez de las vestimentas litúrgicas.
“La belleza es también reveladora de Dios porque, como Él, la obra bella es pura gratuidad, invita a la libertad y arranca del egoísmo”. La belleza divina se manifiesta de forma totalmente particular en la Sagrada Liturgia, también a través de las cosas materiales de las que el hombre, hecho de alma y cuerpo, tiene necesidad para alcanzar las realidades espirituales: el edificio del culto, los adornos, las vestiduras, las imágenes, la música, la propia dignidad de las ceremonias.
De estas consideraciones resulta evidente que las vestiduras sagradas deben contribuir “al decoro de la acción sagrada” (Ordenamiento General del Misal Romano, n. 335), sobre todo “en la forma y en la materia usada”, pero también, aunque de forma mesurada, en los ornamentos (ivi, n. 344). El uso de las vestiduras litúrgicas expresa la hermenéutica de la continuidad, sin excluir ningún estilo histórico particular. Benedicto XVI proporciona un modelo en sus celebraciones, cuando viste tanto las casullas de estilo moderno como, en alguna ocasión solemne, las “clásicas”, usadas también por sus predecesores. Así se sigue el ejemplo del escriba, convertido en discípulo del reino de los cielos, comparado por Jesús con un cabeza de familia que saca de su tesoro nova et vetera (Mt 13,52).

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